era una idea flotando en el cielo. vestia de rojo y de negro. con faldones arrastrando por las telara;as distraidas. ella se iba quitando el sombrero en la danza de quien quita poco a poco la combinacion blanca como las pistolas a una crisacea.
se embadurnaba en el olor del espejo. con la esponja de aire y de humedad y de jabon liquido muy barato recorriendo el cerebro de las paredes sucias. se miraba y se relamia con los ojos cada parte de ese cuerpo que no supo como usar. que lo dejo vaciarse en el cielo barroso de gaviotas criminales.
era sencilla como el marco que la cubria en el silencio otorgado por el cuartito rojo y blanco. ba;aba y repasaba con las yemas de los dedos la musica de una cancion hecha solamente con huecos entre los cuchillos robados a un soldadito de plomo. cuando termino la inspeccion.
tendia los brazos en un arco de olas suaves. se rellenaba con el pelo que caia por delante de sus orejas en un tirabuzon de impaciencia.
alli esperaba encontrar el fantasma que nunca habia estado alli. tocando el piano y sirviendo vasos de veneno frio que congelaba los dientes y hacia casta;ear los labios.
que comia poetas.
que les sorbia los pies desde abajo en un circulo de lenguas moradas.
las lamparas temblaban cuando los caracoles eran ya los due;os de la noche. y los leopardos con alas picaban la piel blanca de su mano sujetando la esponja. y contorneandose de jabones de oro y de monedas oxidadas. el fantasma que no estuvo alli para rescatarla.
cubria los senos con una sabana que la envolvia en el hipnotismo de una noche de murcielagos, de ratas, de lagunas en el barniz callado donde sus zapatos pisaban lentamente.
pero el fantasma que nunca habia bailado la danza de la sopa y de las rosas mojadas en un mantel blanco, no aparecia ni se asomaba ni se hacia el sorprendido en su ruta diaria de peregrino afable con los habitantes de todos y cada uno de los espejos que el habitaba.
envolviendose en la propia piel que la destapaba.
iba tocando el cristal, que se iba hundiendo en las monta;as de las palmas de sus manos asustadas ante tanta planicie de hielo hundido, pegandose entre las u;as y cubriendo la pesta;as de los nudillos aridos. el techo que se caia pedazo a pedazo debido a una lluvia escondida desde hacia nueve inviernos con sus noventa siglos en los costados. llevaba una mochila de nieve y silenciosos dardos de plastico. cubria de blanco y de plata la lampara parpadeante con bombillas cadavericas que pedian una cena para seguir alimentandose.
la esponja violaba sin sentido la piel de sus manos. se involucraba con la materia que la habia hecho humo antes de haberla matado definitivamente tras el suicidio de un gorrion frente a la ventana. ella recorria sus humores con jabones desesperados. el fantasma no la oia, y un chubasquero le dolia en los huesos y en la espalda. las cadenas se las llevaba el viento, al igual que las palabras.
el golpe de un reloj despertaba los sentidos a todos los espejos que dormian en silencio todos los mandamientos que moises no pudo escribir por falta de tinta en un lapiz negro.
la lampara so;aba la esponja dura y rugosa que rasgaba sus dedos en esa esfera atemporal.
e fantasma paseaba con kilos en los talones. con la muerte arrugada entre sus sabanas de lona sin hilvanar. todas las metaforas se cumplian en sus paseos cada vez que encendia una farola en la calle.
ella seguia esperandole. limpiando el espejo.
lasmotasdelsuelosereiandemi.
de pie de sierta
de cuerpo de avena cubierta de especias
de luna de agua
de esponja clavada en el justo centro
de su justa palma
abierta como se abren las palomas al violarlas
y la luz se volvia cristal
y el cristal se convertia en espejo
mientras ella adquiria el billete de paso de la frontera de madera y cemento y calcetines sucios, al mundo de imagenes y de lluvia donde la que no-Es la sonrie y la abraza chocando contra el hielo de su propio cuerpo cubierto por una pantalla. rompiendo su propio figura, ella seguia limpiando el espejo.
toda la sed vertida en un grifo.
toda la lluvia en su bolsillo.
y el fantasma que no estaba alli nunca ni tampoco la besaba, se dedicaba a pasear la violencia diminuta en toneladas de cadenas cruzadas. como trenzas de la metamorfosis de Dorothy. se rompian los colmillos de luz de oro que se repartian por la lampara.
absurdos rincones de te y de sombras donde el oro se esparce y perece en una cueva. donde ella no entraba porque tenia miedo de no acordarse de quien era.
viernes 18 de julio de 2008
sábado 5 de julio de 2008
establecimiento urgente de una parada que sea tan universal como el mismo cielo:
(se requiere. para todos los transportes públicos)
Casa Encantada
-correspondencia con líneas 4, 5, 6 y 7. y también las de tu mano-
(se requiere. para todos los transportes públicos)
jueves 3 de julio de 2008
guñia turñistica
mujer que
que no conoce varón
que no conoce varón
(y giro y cambio repentino, cuando la mujer en concreto entra con una bandejita de té y pasteles para mí. le doy las gracias. la ignoro por completo. me dice que tiene frío. y se retira del hielo pegado a mis mejillas y al techo de la habitación)
que no conoce barón donde sirvan copas monstruosas y estén colgando cartelitos de Anímese y Sea Diferente. justo en la puerta, antes de empujarla para siempre y destruir el universo entero de mil cabezas que se giran y cortan el aire de sus vasos largos durante los segundos eternos en donde contemplan los nuevos zapatos que cortan el pasillo.
pero en breves conocerá diéresis
diferencias bravas y breves como un barquito de cristal en una bañera.
escurridizas sílabas de lenguas batiendo en la boca, como una taza de barro caliente de mar.
y toda la flora del mundo,
bajo mis pies.
y los ojos del resto de la humanidad, en mis tobillos enredados como serpientes cvestidas de lombrices que no pronuncian bien la erre doble y se echan crecepelo en las palmas de las manos. agitándose los párpados junto con las pestañas, y todo bajo mis talones (los dos del tatarabuelo de aquiles, que lso recortó y pegó en un periódico local). y señalando con espuma del atlántico una nube que se escapa de la esquinita de la península que mira de perfil desde allá abajo, me convertiré en sábana limpia tan pronto eche de menos un vestigio de almohada, un trozo de acera, una esquina empapada, una palabra que se abandonó pegada a una pared.
recogiéndome con grumos de tormenta.
con bici-letas de niños que no saben hablar, por 20 euros el sillín individual.
seré un número y unas manos encima de un papel. esperando fuera.
y volveré a escribir en el calendario todos los días que quedan para mi regreso a esta silla -como siempre hago que me voy- y otra vez la señora de la limpieza seguramente mire con curiosidad y respete la situación de la hoja pegada a la pared. con una equis. y otra más. y otra equis más. atándome a un espejo que cuelga del pasillo donde está la alfombra azul y roja. sin entender por qué siento en la barriga una cuerda que me revienta las entrañas y los nervios y tira desde atrás hacia delante y me deja revolverme por una escalera insegura donde todos los peldaños bajan al mismo tiempo que suben. y soy la mota de polvo que resbala.
mientras pasan los días.
y oficialmente tengo un hueco en un asiento de avión.
que no conoce varón
que no conoce varón
(y giro y cambio repentino, cuando la mujer en concreto entra con una bandejita de té y pasteles para mí. le doy las gracias. la ignoro por completo. me dice que tiene frío. y se retira del hielo pegado a mis mejillas y al techo de la habitación)
que no conoce barón donde sirvan copas monstruosas y estén colgando cartelitos de Anímese y Sea Diferente. justo en la puerta, antes de empujarla para siempre y destruir el universo entero de mil cabezas que se giran y cortan el aire de sus vasos largos durante los segundos eternos en donde contemplan los nuevos zapatos que cortan el pasillo.
pero en breves conocerá diéresis
diferencias bravas y breves como un barquito de cristal en una bañera.
escurridizas sílabas de lenguas batiendo en la boca, como una taza de barro caliente de mar.
y toda la flora del mundo,
bajo mis pies.
y los ojos del resto de la humanidad, en mis tobillos enredados como serpientes cvestidas de lombrices que no pronuncian bien la erre doble y se echan crecepelo en las palmas de las manos. agitándose los párpados junto con las pestañas, y todo bajo mis talones (los dos del tatarabuelo de aquiles, que lso recortó y pegó en un periódico local). y señalando con espuma del atlántico una nube que se escapa de la esquinita de la península que mira de perfil desde allá abajo, me convertiré en sábana limpia tan pronto eche de menos un vestigio de almohada, un trozo de acera, una esquina empapada, una palabra que se abandonó pegada a una pared.
recogiéndome con grumos de tormenta.
con bici-letas de niños que no saben hablar, por 20 euros el sillín individual.
seré un número y unas manos encima de un papel. esperando fuera.
y volveré a escribir en el calendario todos los días que quedan para mi regreso a esta silla -como siempre hago que me voy- y otra vez la señora de la limpieza seguramente mire con curiosidad y respete la situación de la hoja pegada a la pared. con una equis. y otra más. y otra equis más. atándome a un espejo que cuelga del pasillo donde está la alfombra azul y roja. sin entender por qué siento en la barriga una cuerda que me revienta las entrañas y los nervios y tira desde atrás hacia delante y me deja revolverme por una escalera insegura donde todos los peldaños bajan al mismo tiempo que suben. y soy la mota de polvo que resbala.
mientras pasan los días.
y oficialmente tengo un hueco en un asiento de avión.
sábado 28 de junio de 2008
post-momentum
viviría en un concierto continuo.
de instrumentos chirriantes.
de voces que dejan que las faringes revienten. porque pesan. porque sobran.
ayer me dejé toda la vida encima de cabezas desconocidas,
me dejé toda la vida, la garganta, los brazos.
pero sobre todo-sobre todo-toda-la puta vida.
y el alma.
cuando salí de allí ya no me acordaba de cómo era yo.
de instrumentos chirriantes.
de voces que dejan que las faringes revienten. porque pesan. porque sobran.
ayer me dejé toda la vida encima de cabezas desconocidas,
me dejé toda la vida, la garganta, los brazos.
pero sobre todo-sobre todo-toda-la puta vida.
y el alma.
cuando salí de allí ya no me acordaba de cómo era yo.
viernes 27 de junio de 2008
viernes pre-momento
me-meto el viernes en una mochila.
el viernes tiene un ombligo tan grande que puede masticar chicle y hacer globitos a los niños pequeños, para que enseñen a empaquetar su oxígeno interno en goma de fresa.
me lo llevo en una mochila hecha después de ducharme. el viernes empieza oficialmente a eso de las 12:00, cuando haya perdido el reloj por tercera vez en mi muñeca, y firme las páginas que -espero- no sean una confirmación de la presencia del barranco por donde mi cuerpo descenderá y finalmente aterrizará en una firma pequeña, diminuta, bajo un número catastrófico y apocalíptico bien parecido al 666thenumberofthebeast pero sin tanta cifra y con menos tiempo.
per el viernes me espera en la ducha, respirando agua.
en la taza sucia.
dando saltitos en la barriga.
en el carrefour.
en el coliseo donde me convertiré en cristiano perseguido por un hilo de canciones envueltas en polvo gris y en zapatillas llenas de barro.
que viene el Biernes, que biene el viernes,
menos mal que a Pedrito nunca le llegaron a creer, hasta que pasó el jueves por fin, y el viernes, ofendido, se lo comió poquito a poquito, decorado con un clavito a la altura del esófago. los vecinos, mientras, celebraban la fiesta de despedida del vecino chillón y fóbico al fin de semana.
en el corral de vecinos solamente había gallinas ávidas de ver a Pedrito lapidando su nombre. sentadas de manera digna. con peinetas negras de viudas blancas y puras. con los picos ahogados en barra de kabios roja. con un pañuelo entre las patas. y Pedrito pidiendo el perdón de un dedo tembloroso asomado a la terraza del director de la comunidad.
pero todos estaban cansados de sus gritos.
me llegó a decir viernes cuando era domingo. y preparé de nuevo mi mochila de salmos de salmón y bocadillos de versos y las botas intentando que los pies no se escapasen desnudos por el pasillo. y era una falsa alarma, y faltaban años para ese día, y él se reía en su apartamento pintado con cenefas inglesas y con bolsitas de té.
inventó la expresión pobre diablo porque desde niño unos cuernos le atormentaban la frente y hacían las veces de radar o de antena que detectaba parábolas desde lejos, y él iba dispuesto con un boli bic y una libreta pequeña a anotar todas esas perlas de segunda mano que llegaba a su oído como virutas que caen de un lápiz.
pero a él, además, nunca le llegaban los viernes. los viernes sonaban a lombrices secas subiendo por el brazo, a sol quemando las noches como quien quema una hoja de papel con un mechero azul. así se dedicaba a hacer llegar ese día sentado en un sofá-cama, con una matraca de plástico, controlando el tiempo con el reloj de pulsera. se asomaba poquito a poco la uve, la i, la cabeza por la montaña y por la fila de navaja que formaban los techos de los edificios hilvanados encima de un suelo firme. donde debajo se escondían cadáveres de otro mundo que nadie quiso vivir.
me dejo el viernes en la mochila. se me escapa por las costuras, y hace que toda la semana aplaste mi cuerpo en un suspiro largo y retorcido. y él muere a las 12, cuando cenicienta perdió el zapato y se hizo sangre en los pies, cuando las brujas atacan a los niños, cuando mi mochila grita por el poco peso, cuando Pedrito se va a la cama con los ojos abiertos.
el viernes tiene un ombligo tan grande que puede masticar chicle y hacer globitos a los niños pequeños, para que enseñen a empaquetar su oxígeno interno en goma de fresa.
me lo llevo en una mochila hecha después de ducharme. el viernes empieza oficialmente a eso de las 12:00, cuando haya perdido el reloj por tercera vez en mi muñeca, y firme las páginas que -espero- no sean una confirmación de la presencia del barranco por donde mi cuerpo descenderá y finalmente aterrizará en una firma pequeña, diminuta, bajo un número catastrófico y apocalíptico bien parecido al 666thenumberofthebeast pero sin tanta cifra y con menos tiempo.
per el viernes me espera en la ducha, respirando agua.
en la taza sucia.
dando saltitos en la barriga.
en el carrefour.
en el coliseo donde me convertiré en cristiano perseguido por un hilo de canciones envueltas en polvo gris y en zapatillas llenas de barro.
que viene el Biernes, que biene el viernes,
menos mal que a Pedrito nunca le llegaron a creer, hasta que pasó el jueves por fin, y el viernes, ofendido, se lo comió poquito a poquito, decorado con un clavito a la altura del esófago. los vecinos, mientras, celebraban la fiesta de despedida del vecino chillón y fóbico al fin de semana.
en el corral de vecinos solamente había gallinas ávidas de ver a Pedrito lapidando su nombre. sentadas de manera digna. con peinetas negras de viudas blancas y puras. con los picos ahogados en barra de kabios roja. con un pañuelo entre las patas. y Pedrito pidiendo el perdón de un dedo tembloroso asomado a la terraza del director de la comunidad.
pero todos estaban cansados de sus gritos.
me llegó a decir viernes cuando era domingo. y preparé de nuevo mi mochila de salmos de salmón y bocadillos de versos y las botas intentando que los pies no se escapasen desnudos por el pasillo. y era una falsa alarma, y faltaban años para ese día, y él se reía en su apartamento pintado con cenefas inglesas y con bolsitas de té.
inventó la expresión pobre diablo porque desde niño unos cuernos le atormentaban la frente y hacían las veces de radar o de antena que detectaba parábolas desde lejos, y él iba dispuesto con un boli bic y una libreta pequeña a anotar todas esas perlas de segunda mano que llegaba a su oído como virutas que caen de un lápiz.
pero a él, además, nunca le llegaban los viernes. los viernes sonaban a lombrices secas subiendo por el brazo, a sol quemando las noches como quien quema una hoja de papel con un mechero azul. así se dedicaba a hacer llegar ese día sentado en un sofá-cama, con una matraca de plástico, controlando el tiempo con el reloj de pulsera. se asomaba poquito a poco la uve, la i, la cabeza por la montaña y por la fila de navaja que formaban los techos de los edificios hilvanados encima de un suelo firme. donde debajo se escondían cadáveres de otro mundo que nadie quiso vivir.
me dejo el viernes en la mochila. se me escapa por las costuras, y hace que toda la semana aplaste mi cuerpo en un suspiro largo y retorcido. y él muere a las 12, cuando cenicienta perdió el zapato y se hizo sangre en los pies, cuando las brujas atacan a los niños, cuando mi mochila grita por el poco peso, cuando Pedrito se va a la cama con los ojos abiertos.
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